El año pasado me quedé con las ganas de preparar panettone. Es un bizcocho o pan dulce típico navideño, que suele rellenarse con frutas confitadas, pepitas de chocolate, o simplemente con aroma de cítricos para comer a rebanadas.
En el siguiente pedido que hice a
El Amasadero no pude resistirme y me aprovisioné de los moldes para usarlos a la primera oportunidad. Que como vereis en un año enterito, ha surgido ahora en Navidad, aunque este dulce me lo comería durante todo el año, es que me encanta.
Estuve mirando varias recetas por internet, y más o menos todas usaban casi los mismos ingredientes, aunque en distintas cantidades y como encima yo no me decidía si poner fruta confitada o chocolate (ya sabeis que el chocolate me puede), decidi ponerle ambos y este es el resultado: una receta MUY MUY RECOMENDABLE, os lo aconsejo encarecidamente, yo desde luego esta semana hago más.
Primero y por primera vez en mi vida he hecho un polish o masa madre. Reconozco que le tenía un respeto irracional, a pesar de que esta pre-masa sirve para dar más esponjosidad al resultado final, y como todo en esta vida, una vez que te decides a hacer algo que sabes que da buen resultado, he quedado encantada y no entiendo como le tenía tanto miedito, porque es más simple que el mecanismo de un chupete.
Para el polish: Disolvemos 25 g de levadura fresca prensada, en 200 ml de agua templada en el microondas, y lo mezclamos con 250 g de harina de fuerza. Queda una masa muy pegajosa, que ponemos en un bol, dejamos que triplique su tamaño y después cerramos con un film transparente y metemos en la nevera. Yo lo hice con 24 horas de antelación a usarlo, aunque lo saqué de la nevera 4 horas antes.
Para la masa principal: Disolvemos 25 g de levadura fresca prensada en 100 ml de leche templada. Ponemos en el robot (amasadora o panificadora, yo usé mi kendwood) 600 g de harina de fuerza, 150 g de azúcar, 200 g de mantequilla a temperatura ambiente cortada en cuadraditos y empezamos a mezclar a baja velocidad. Añadimos la leche que tenemos mezclada con la levadura y seguimos batiendo, ponemos 2 huevos enteros, 2 yemas y una pizca de sal. Subimos la velocidad del robot y le agregamos a la mezcla una cucharadita de esencia de vainilla y una cucharadita de agua de azahar. Cuando esté todo mezclado, ponemos el polish que tenemos reservado y terminamos de amasar todo junto. (Yo estuve amasando unos 15 minutos, hasta que ya era una masa más elástica que pegajosa)
Al final le vertemos dentro 200 g de fruta confitada cortada en trocitos pequeños y 200 g de pepita de chocolate negro.
En una fuente profunda ligeramente engrasada, ponemos la masa, cubrimos con film y dejamos levar hasta que doble su tamaño (aproximadamente una hora y media). Pasado este tiempo, sacamos la masa en una superficie lisa y la dividimos en cuatro partes de unos 500 g cada uno. Es una masa un poco pegajosa, pero manejable, así que NO AÑADIR MÁS HARINA, así está bien.
Las ponemos en sus moldes, y las volvemos a dejar levar de nuevo hasta que comiencen a salirse. Pintamos con huevo batido y horneamos a 170º, 20 minutos.