Ya vienen los Reyes, por el arenal... y aquí os dejo mi roscón de este año, que como espere más, nos lo comemos en Semana Santa.
Cuando una receta te va bien, ¿para qué cambiarla no? Bueno, pues no. Es inevitable, la curiosidad me puede y aprovechando que tenía en la nevera un par de botes de buttermilk que me trajo mi vecina de Gibraltar (siempre le encargo alguno cuando va, por si acaso), fue ver la receta de
Olga de Cocinando con Kisa y me dije (y le dije a ella) esta es la receta que hago este año. Ea, pues aquí la teneis, recién sacada del horno.
Es muy fácil, como a mí me gustan, sin masa madre ni nada de nada, ya que por lo que dice Olga, la buttermilk hace el efecto de la masa madre y deja la masa muy esponjosa y más duradera, así que habrá que probar no?
Yo la he hecho en el robot kendwood, con el gancho amasador, pero ya sabeis que podeis usar la panificadora o incluso las manos a unas malas.
Ponemos en el bol 200 ml de buttermilk, (que no es otra cosa que crema agria, que podeis fabricar vosotros mezclando 200 ml de leche tibia con el zumo de medio limón, removemos y dejamos reposar 10 minutos. Ya la teneis lista) de esos 200 ml, separamos un poco en un vaso, templamos en el microondas, (OJO: SOLO TEMPLAR) y le disolvemos 25 g de levadura fresca prensada, lo mezclamos con la buttermilk que tenemos en el bol. Atención: la levadura de la que venden en la sección de refrigerado, la que viene en cubitos con papel amarillo, esa. No vale la Royal de los bizcochos, que os conozco y después me decís que no ha subido.
Añadimos 100 g de mantequilla sin sal, un huevo, 40 ml de anís dulce, 20 ml de agua de azahar (la venden en grandes superficies de la marca Vahine y viene en un tarro de plástico azúl), la ralladura de una naranja pequeña y de un limón pequeño, 4 gr de sal y 130 g de azúcar. Lo batimos a velocidad baja y mientras vamos tamizando 550 g de harina de fuerza. Subimos la velocidad de la amasadora y le ponemos la harina a cucharadas.
Cuando esté totalmente mezclado, quedará una mezcla que no es demasiado pegajosa. Si os ha quedado demasiado pegajosa, es porque a lo mejor el huevo que habeis puesto era muy grande, o bien, os habeis pasado un pelín con los líquidos, así que añadirle 50 g más de harina. No más harina. La ponemos en una fuente, tapada con un film ligeramente aceitado y la dejamos que doble su tamaño. Aproximadamente una hora y media.
Pasado este tiempo, ponemos un poco de harina en la encimera (o donde vayais a trabajarla) y volcamos la masa, le sacamos el aire amasándola un poco con las manos y hacemos una bola. Le hacemos un agujero en el centro introduciendo los dedos y a partir de ahí empezamos a abrir el agujero hasta que quede bien grande. (Tened en cuenta que cuando vuelva a levar el agujero se cierra un poco)
Ponemos un papel vegetal en la bandeja del horno, y dejamos nuestro rosco encima, en un lugar donde no haya corrientes de aire y esperamos a que vuelva a triplicar su volumen. El tiempo que tarda en levar depende de la temperatura ambiente que tengais, pero normalmente en tres horas estará listo.
Batimos un huevo y pintamos el rosco con cuidado, decoramos con fruta escarchada y con azúcar ligeramente humedecida con agua o anís.
Horneamos a 170º unos 25 minutos, hasta que lo veais con pinta irresistible. Lo dejamos enfriar en una rejilla y cuando esté completamente frio, lo cortamos por la mitad y lo rellenamos de lo que queramos, en este caso nata montada. Aunque a mí personalmente como más me gusta es sin relleno y mojado en el chocolate. Y a vosotros?